1977-1983
2007
2008
2009
2011
2012



Soluciones para un paisaje sotarreño (tríptico)
Acrílico y tinta sobre tela
165 x 165 cm (panel 1, 3 )-190 x 165 cm (panel 2)

1.977- "176 NUEVOS MAESTROS EN LA PINTURA
COLOMBIANA"
Biblioteca Luis Angel Arango
Bogotá. Colombia

 

 

 

PAISAJES
-Origen de la "Serie tumbas para querubines ápteros"-
1978 - Biblioteca Luís Ángel Arango - Bogotá. Colombia

 

Cuando el artista nos encomienda hacer la presentación de su obra nos plantea un doble compromiso: uno, analizarla, evaluarla y explicarla como obligación cotidiana; dos, como compromiso, no solo con la obra, sino con quien la produce, surgido de la aceptación de responsabilidades, dentro del más absoluto respeto a la libertad creadora, a partir del momento en que fuimos eficazmente motivados por el resultado plástico y por la viva comunicación con el artista.

De una parte nos sorprende la juventud de Gilberto Cerón. De otra, su madurez en contraste con lo primero. Hace un buen tiempo que en los linderos de los veinte años no surge en Colombia un pintor. Los jóvenes artistas se han embarcado en la noble ruta del dibujo, que debería llevar mayormente a una proyección y desarrollo de las otras técnicas gráficas. Sin desvirtuar el dibujo, hemos visto ya dos generaciones trasegar dentro de esta técnica   sin mayor preocupación que la formal, la del oficio y bella y pulcra apariencia epidérmica de su trabajo facilitados por el hiperrealismo, “emigrante ave de transición”   que nos cautiva como camino a la realidad. Notable además, que ya superada la influencia de la Escuela , es decir, su   estilo, haya podido llegar a una obra poderosa, embargada de fuerza y hálito mágico, única, con el peligro de su condición de solicitud le asigna, que aún pareciendo difícil, ha tenido una evolución y un desarrollo.

Cerón parte de la fruta, elemento orgánico empleado en la Escuela por sus ilimitadas posibilidades de transformación y de abstracción. Fruta, figura, paisaje, todo en uno van surgiendo en un trasfondo sensible, en mimética combinación, pero develando ya ciertas condiciones particulares que le conferían el necesario interés. Estas formas colocadas en un espacio a partir de uno o más horizontes, se desarrollan con una técnica no exenta de interés, mixta y de tonalidades dramáticas y sepias. En este joven artista hubo nunca temor ni al color ni a la oscuridad. En muchos casos partió de oscuridades totales de las cuales iba extrayendo hálitos de luz que ya empezaban a actuar en forma lírica y dramática dentro de la composición. Era y es todo o nada. Avanzando –con los previsibles momentos de confusión- Cerón llega a plantearse –dentro de un mayor formato- el paisaje como entorno metafísico del hombre y a éste como equivalencia   que cambia, se oscurece o ilumina, se transforma imperceptible o bruscamente como materia sensible, como parte fundamental de la naturaleza.
Con gran fuerza varonil, con una clara noción de contenido, con una capacidad de sensibilizar veladura tras veladura, de hacerse a su propio y particular medio pictórico -se vale de todos los elementos físicos necesarios para lograr expresarse, combinando diversos materiales- enfrentando el problema de cada cuadro como totalidad desarrollándolo en planos horizontales que le van dando profundidad en la medida que el color retrocede o avanza, se entona o apacigua. Para dar una definición, diríamos que Cerón pinta paisajes abstractos. Pero pienso que sería una solución simplista. El paisaje de la naturaleza y el alma, es subconsciente vivo de imágenes materiales, desmaterializadas por la fuerza de un poeta. La forma, ricamente simbólica llega a las capas profundas de la sensibilidad, nos toca anímica e intelectualmente por su base estructural –muro piedra montaña- y por la temperatura de grandiosidad lírica de que las impregna, todo dentro de las mejores definiciones de la pintura.

Estoy segura de que este artista de veintiún años, sabrá alimentar la paciencia como principio de sabiduría, para que su obra –que irrumpe hoy exaltada y visible- madure en el silencio de los mejores frutos y se nutra con el asombro de sus grandes hálitos luminosos.

 

GLORIA INÉS DAZA

 

 

GILBERTO CERÓN
-Serie tumbas para querubines ápteros-
1979 - Galería Belarca - Bogotá. Colombia

 

 

 

 

CERÓN
-Serie tumbas para querubines ápteros-
(Obra sobre papel)
1983 - Galería de arte "EL CHARCO" - Cali. Colombia